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COVID-19 ¿Cómo se pueden tomar las mejores decisiones cuando no existen precedentes? 

decisiones covid19

Durante las últimas semanas hemos estado viendo cómo unos países observan las decisiones de otros y el impacto que estas están teniendo sobre los niveles de contagio, sobre la mortalidad, la situación sanitaria, la economía y sobre las previsiones a medio-largo plazo.

Todas estas decisiones se están tomando con datos escasos, bajo el principio de prueba y error y en un escenario que evoluciona de manera exponencial y cuyo impacto está siendo dramático.

El debate sobre cuál es la mejor medida para mitigar la propagación y conseguir lo antes posible, el ya de sobra conocido “aplanamiento de la curva”, trae de cabeza a todos los gobiernos. Ahora bien, vamos un paso más allá, cuando esto suceda, y estemos “descendiendo” sobre la curva, ¿qué va a pasar? ¿Cómo vamos a garantizar que esto no nos vuelva a suceder? ¿Cuáles son las mejores opciones para evitar un rebrote, como parece que está sucediendo en algunos países de Asia…?

Para ello vamos a valorar las diferentes fases para el control de la pandemia y cuáles pueden ser los escenarios:

FASE 1. Aplanar la curva (Flattening the curve)

Lo han repetido continuamente los expertos y los representantes políticos. El mecanismo de este virus, al igual que el resto de enfermedades contagiosas, sigue un modelo epidemiológico representado por una serie de curvas que, a estas alturas, ya conocemos todos.

También se ha comentado que existe una variable que gobierna todo este proceso y que, básicamente, es la que estamos intentando modificar por medio del confinamiento. Este parámetro tiene el nombre de “número reproductivo básico”, aunque se le conoce más por su símbolo, R.

Es el número de casos nuevos por cada persona contagiada con el virus; es bastante intuitivo: si el valor es mayor que 1, el virus acelera su propagación; si está por debajo de 1, la propagación del virus se frena. No solo eso, cuanto más acerquemos este valor a 0, más rápido alcanzaremos un pico de contagios, pico que a su vez será mucho más bajo.

curvas número reproductivo básico R

Aun con las medidas de confinamiento e higiene tan estrictas y según datos del Instituto de Salud Carlos III, todavía hay dos comunidades autónomas cuya R está por encima del 1 (Castilla León y Extremadura). El resto ha puesto este parámetro por debajo de la unidad, razón por la cual se ha conseguido frenar el crecimiento de los contagios. 

Lo que es importante destacar de esta fase 1, es que no solo se debe poner este valor por debajo de uno, sino que además debe estar lo más cercano posible a 0. 

FASE 2. El martillo y el baile (The Hammer and The Dance)

the hammer and the dance

Una vez controlado el número de contagiados y comprobado que esté irremediablemente en descenso, se debe seguir “gestionando la curva”: acabar con la pandemia minimizando el impacto social y económico.

El título de este punto hace referencia a un artículo publicado días atrás por Tomás Pueyo, en el que menciona un hecho muy relevante, sobre todo ahora que nos estamos acercando a esta situación: las medidas de confinamiento ayudan a cortar de raíz la propagación del virus (la fase más acuciante de la pandemia, que llama “el martillo”), pero relajar estas medidas después de ver descendida la curva (lo que llama “el baile”) de manera equivocada, no haría otra cosa que redirigirnos a la casilla de salida, retornando al principio de la curva y poniéndonos de nuevo en la misma situación en la que estábamos en marzo (volver al “martillo”).

Esto no es nuevo, pasó con la gripe de 1918 (llamada “española” por ser el único país cuyos medios de comunicación hablaban de ella sin censura, como pasaba en el resto de los países debido a la I Guerra Mundial). Esta gripe fue especialmente virulenta con la llegada de la segunda ola en otoño, ya que la primera había sido bastante leve, en la primavera anterior (más del 70% de todas las muertes de esta pandemia ocurrieron durante este segundo período).

gripe española

¿Estamos destinados a volver a empezar el confinamiento? La respuesta es tan clara como ambigua: depende. Si se toma conciencia y se trabaja con la tecnología que ya tenemos disponible, la respuesta es “no”. Todo radica en mantener un parámetro por debajo de 1. Si, el valor “R”, si bien durante la Fase 1 (“el martillo”) debemos acercarlo lo máximo posible a 0, durante el “baile”, tan solo debemos mantenerlo por debajo de 1, es decir, controlar los contagios. 

Tal y como empezábamos este artículo, la clave está en ¿en qué nos podemos apoyar para tomar las mejores decisiones?

Desde Red Táctica hemos desarrollado un modelo de simulación (utilizando dinámica de sistemas) que sirve para valorar las posibles actuaciones:

simulacion covid19

1. Modelo epidemiológico a través de Dinámica de Sistemas.

Las simulaciones realizadas para el control de posibles rebrotes, y tal y como están evidenciando otros modelos predictivos, postulan como más efectivo que el distanciamiento social, la combinación de: Realización de test masivos con el rastreo en tiempo real de contagiados.

escenarios-covid19

Test rápidos

Uno de los pilares sobre los que se debe sustentar la acción en la Fase 2 debería ser la elaboración de test masivos a la población, no solo a la gente con posibilidad de estar infectada en ese momento, sino también a posibles asintomáticos y aquellos que ya han superado el virus. Para ello, la técnica PCR (un estándar en el mundo biosanitario para determinar si una persona es portadora del virus o no), si bien es un activo imprescindible, no es suficiente para afrontar un control poblacional de la envergadura que será requerido en unos pocos meses.

PCR

Gracias a los esfuerzos de muchos grupos de investigación ha sido posible empezar a utilizar test de detección rápida del virus, acortando los tiempos de detección y aumentando la eficacia de las medidas preventivas para evitar nuevos contagios.

Sin embargo, algunos de los problemas que acarrean aún, en parte por el poco tiempo que ha llevado su desarrollo, pueden ser la falta de eficacia (existen casos en los que ha habido falsos negativos e incluso falsos positivos); la incapacidad para detectar la presencia del virus en aquellas personas que están en un estadio reciente de la enfermedad, no presentan síntomas, o simplemente ya la han superado; y la alta sensibilidad a posibles mutaciones del virus, que los vuelvan obsoletos en muy poco tiempo.

De esta manera, los test de detección rápida de anticuerpos se presentan como el candidato óptimo para ser el mecanismo de control de este tipo de pandemia. Esta robusta solución permite encontrar y marcar, a través de una gota de sangre, aquellos anticuerpos que han combatido contra el coronavirus; tu propio sistema inmune se encarga de protegerte de la infección y también sirve de indicador de que se ha estado “peleando” con este virus.

Si conseguimos desarrollar test de este tipo con la eficacia suficiente, sería un punto diferenciador para monitorizar un posible comienzo de la Fase 1 de la propagación (acuérdate,  valor R mayor que 1) y así controlar la pandemia. 

Son muchos los grupos de investigación que han puesto en marcha proyectos para mejorar de la sensibilidad de estos test, entre ellos el grupo de investigación «Nanopartículas, Membranas y Bioanálisis» coordinado de la Universidad de Oviedo.

Estos test pierden su verdadero impacto si no se apoyan en herramientas tecnológicas de Rastreo personas expuestas.

Rastreo de eventuales contagios

Otra de las bases sobre la que deberíamos hacer hincapié, a pesar de los problemas secundarios que puede acarrear, es asegurarnos de que el control que estamos haciendo de la infección es real. No serviría de nada hacer test masivos a la población, si luego no se puede gestionar esa información para ejecutar medidas de contención.

El seguimiento de todas aquellas personas que están infectadas pero aún no han presentado síntomas (que ya sabríamos gracias a los test rápidos), van a estar irremediablemente en contacto con mucha población a lo largo del período de incubación del virus, todos ellos susceptibles de ser contagiados, más si cabe con la alta tasa de contagio que tiene este virus (de nuevo vuelve a aparecer el famoso parámetro R; para este coronavirus se estima un valor medio de entre 2,5 y 3,5, el doble que la gripe común).

Mantener un rastreo continuo de estas personas por medio de una app nos hace capaces de conocer, no sólo el número de contagiados en tiempo real, sino también avisando a aquellas personas que tienen un riesgo potencial de haberlo contraído, evitando la exposición al virus a terceras personas y cortando así de raíz su propagación. 

Self Quarantine Safety Protection

4. Carátula de la App “Self-Quarantine Safety Protection”, que ha ayudado a controlar la pandemia en Corea del Sur

Por supuesto, esto conlleva ciertos problemas de privacidad para los usuarios, ya que el sistema conocería en todo momento su localización, llegando a poder avisar a las autoridades si alguien no está cumpliendo la cuarentena. Sin embargo, viendo lo que ha sido capaz de conseguir este virus en tan poco tiempo, y la eficacia que ha tenido la puesta en marcha de este tipo de apps en países como Corea del Sur, el rastreo de la enfermedad es un activo muy importante a la hora de contener la propagación del virus, mantenemos el valor R por debajo de 1).

El desarrollo de apps que permitan mantener el equilibrio entre la prevención y la intimidad es un reto en el que ya están trabajando diferentes empresas del Cluster TIC de Asturias

COVID19

Conciencia social

Si bien las dos soluciones de las que ya hemos hablado formaban parte del desarrollo de dispositivos, aplicando conocimientos de ciencia y tecnología, el último pilar sobre el que se apoya la intervención de la Fase 2 (el “baile”) es, aunque intangible, tan importante como los dos anteriores.

Y es que nosotros, como sociedad, debemos tomar responsabilidades extraordinarias hasta que el virus sea finalmente controlado, ya bien sea con su erradicación (aunque sea poco probable no es imposible), o con el desarrollo de vacunas que nos ayuden a proteger a las personas más vulnerables frente a esta enfermedad.

Es importante destacar que, si las medidas tomadas por países como Corea del Sur han sido un éxito, es porque, además de haber desarrollado eficazmente estas tecnologías, sus ciudadanos han respondido con escrupulosa disciplina a sus responsabilidades.

Han permitido que se les rastree su estado de salud y sus movimientos, entendiendo que este es un virus excepcionalmente peligroso que nos afecta a todos, colaborando en las tareas de monitorización de la pandemia y respetando sus cuarentenas, no solo la de los enfermos, sino la de posibles contagiados que no han desarrollado síntomas (hay que destacar también que las administraciones han llevado a cabo estrictas prohibiciones a todos aquellos que hayan estado en contacto con algún enfermo).

Por lo que la lógica nos dice, es que este virus se propaga más fácilmente cuanto mayor sea la concentración de personas en un mismo lugar, y también aumenta exponencialmente por la gran cantidad de conexiones internacionales, tanto aéreas como terrestres, que afortunadamente nos ha permitido conseguir la sociedad que somos ahora.

Por ello, debemos concienciarnos de que, para poder volver a la normalidad, y mantener el dichoso valor R por debajo de 1, es probable que tengamos que garantizar que no somos portadores del virus, tanto nosotros mismos como el resto de las personas que estarán a nuestro alrededor, en eventos que concentren cierta cantidad de gente.

Los centros educativos, por su importancia y su propensión a ser un foco de contagios, deberán tomar medidas estrictas de control y de higiene. Los viajes aéreos también se presentan como una posible herramienta de transmisión del virus a poblaciones ya sanas, por lo que se deberá garantizar que todos aquellos que lleguen a su destino, no son portadores del virus, evitando las cuarentenas obligatorias de dos semanas posteriores a la llegada para prevenir la presencia de portadores asintomáticos.

Todo esto se debe hacer para mantener bajo control el contagio. Corea del Sur, país desarrollado con una economía y libertades sociales comparables a las de un país europeo, supo aprender la lección de 2015 con el brote de MERS, cuya mortalidad ascendió hasta el 20% de las personas que se habían infectado.

Ese valioso aprendizaje les ha servido para mantener a raya a este virus, han conseguido mantener en todo momento la R por debajo de 1, y la influencia del virus sobre el país ha sido, en términos comparativos al resto de países, anecdótica.

Afrontando ahora el pico de esta alta montaña, en su descenso debemos plantearnos seriamente el uso de estos tres pilares básicos: conocer lo máximo posible dónde está localizado el virus y actuar localmente sobre él, de esta manera podremos mantener una vida normal, y toda esta situación no habrá sido más que una mala pesadilla.